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Exposición LA HUELLA DE ALFONSO X
3 jun - 28 ago Lunes a viernes: 10 h a 14 h /// 17 h a 20 h - Sábado y Domingo: 10 h a 14 h. (Julio y Agosto cerrado sábados y domingos)

Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León en la segunda mitad del siglo XIII, en concreto entre los años 1252 y 1284, fue el más universal de nuestros reyes medievales. Hijo y sucesor de Fernando III y de la princesa alemana Beatriz de Suabia, nieta del emperador Federico I Barbarroja, fue en el transcurso de su reinado, uno de los candidatos al Imperio Romano Germánico.

Si hemos de creer lo que los testimonios de la época nos cuentan, el rey era generoso, amigo de participar en tençoes y discusiones poéticas, mordaz, ingenioso y brillante. Sabemos también que confió excesivamente en sus amigos, lo que le produjo más de una decepción.

Por esa razón, tal vez fue bastante ingenuo en lo político. Disfrutaba de la amistad y agradecía mucho la compañía de poetas, intelectuales y personas de ciencia. Era un hombre sereno, un intelectual a su manera, dotado de una curiosidad casi universal.

Sin embargo para sus detractores coetáneos, su autoestima y superioridad intelectual fue considerada como señal de una soberbia casi luciferina; su carácter reflexivo, como muestra de debilidad; su decisión, como autoritarismo y su sensibilidad artística, como frivolidad impropia de un rey.

También sabemos que su estatura era de 1,75. Un cronista murciano que pudo conocerlo, Jufré de Loaysa, escribió que desde su infancia era de «hermosa figura y de aspecto agraciado». Otro cronista, Juan Gil de Zamora, dice que era de agudo ingenio, discreto en el hablar, sobrio en la comida, elegante y excesivamente generoso.